miércoles, 23 de junio de 2010

¿Imperio Europeo?


En unas declaraciones de hace ya tiempo, José Manuel Durão Barroso, presidente entonces y ahora de la Comisión Europea, dice:

"A veces me gusta comparar la Unión Eropea, como creación, a la organización de los imperios. Porque tenemos la dimensión de los imperios. Pero hay una gran diferencia: los imperios normalmente se hacían a través de la fuerza, con un centro que imponía un "diktat", una voluntad en los demás; y ahora tenemos lo que algunos autores llaman el primer imperio no imperial. Tenemos, por dimensión, 27 países que libremente han decidido trabajar juntos, hacer un fondo común de sus soberanías."


La palabra imperio, para algunos, basta para producir un rechazo casi instintivo. Sin embargo, la idea de entender a la Unión Europea como un imperio es de lo más alentadora, y supondría una gran mejora si de verdad llegara a calar, más allá de una declaración espontánea. Supondría, nada menos, la superación de la visión internacional estatocéntrica, y la posibilidad de volver a contemplar nuevas estructuras de dependencia abiertas a la evolución. Sin embargo, no es cuestión de engañarse: vistos los principios que articulan la Unión, semejante concepción es imposible.

¿Qué diferencia supondría una concepción “imperial” de la UE? Podríamos decir que las características nucleares de un imperio son tres: es un todo formado por la unión de unas partes (1), las cuales establecen entre sí relaciones desiguales (2), que se instrumentan mediante un poder superior (3). En la UE esto se cumple parcialmente. 

Existe un todo, que tiene competencias propias, formado por partes autónomas en lo que a ellas les compete (1). Es una autonomía que preexiste al conjunto, en virtud de la soberanía nacional, y que no necesita legitimación superior. Que no existe, como en un Estado federal o autonómico, por gracia del Estado. Curiosamente, la doctrina de la soberanía ha servido en este último estertor de su existencia para poner un freno al avance de la supranacionalización con un acto de auto-inmolación, ya que al no querer extenderse por encima del ámbito nacional (soberanía europea) a la vez que permite una integración matizada, la soberanía, absoluta por definición, deja de serlo. Inexplicablemente, todavía se sigue hablando de soberanía, pero es de suponer que es por horror vacui, ese apego tan desafortunado a las categorías inamovibles de la teoría política moderna.

Podría parecer que la soberanía sigue en su plenitud, si se entiende la UE como una cesión voluntaria de algunas competencias, que el Estado puede retirar cuando lo estime oportuno. Lo cierto es que no es tan simple. Supone adherirse a un ordenamiento jurídico propio, que es un vehículo efectivo de la integración europea. No sólo debe el Estado miembro respetar la legislación que viene de arriba, relativa a ámbitos bien delimitados, sino también, por el principio de primacía, adecuar todo su ordenamiento jurídico al comunitario, a medida que este se va desarrollando. No es una evolución paralela, y el Estado no cede esta y aquella competencia, sino que al aceptar se somete en bloque al ordenamiento comunitario en toda su integridad. Ni siquiera la constitución, que, de nuevo por ese horror al vacío, sigue siendo en la teoría la norma suprema del Estado, puede contravenir el orden comunitario. La única alternativa es separarse de la Unión, lo cual, eso sí, es una decisión propia del Estado miembro. Está claro, pues, que las instituciones comunitarias constituyen un poder superior (3) independiente, y por tanto la Unión no se desenvuelve únicamente mediante la voluntad convencional de los estados.

Ahora bien, el hecho de que este poder superior sea un instrumento de integración europea efectiva, no simplemente de coordinación entre los Estados, impide en gran parte que se de el carácter desigual (2) propio de las relaciones convencionales, como en el Derecho internacional. Quizá éste sea el elemento más discutible como característica de un imperio, pues supone más bien un denominador común de los imperios históricos, y no tanto una parte esencial de su definición. La razón para destacarlo es simplemente diferenciar la estructura territorial (relacion entre las partes geográficas) de un imperio con la del Estado-nación. Porque, precisamente, si un imperio nace de la diversidad, si se forma desde abajo entre entidades preexistentes, es de suponer que éstas mantendrán sus aspectos particulares en la medida en que la unión imperial lo permita, al menos como punto de partida. El Estado-nación, por otro lado, parte de la unidad absoluta (sólo en la teoría; como ya se ha visto, es un presupuesto ficticio que casi siempre escapa a la realidad histórica), por lo que la diferenciación territorial la llevará a cabo desde arriba, si quiere, el Estado. Como ejemplo esclarecedor basta ver el II Imperio Alemán por una parte, y al Reino de Italia unificada por otro.



Todo esto puede servir para reflexionar sobre qué es lo que hace a un imperio, pero no es suficiente para decidir sobre qué es lo que hace deseable a un imperio. Frente a la complejidad de la cuestión, baste señalar como conclusión un aspecto fundamental. Dando por hecho que un imperio es una agrupación de entes diferenciados bajo una autoridad única, es natural que para formar parte voluntariamente cada ente querrá poder ser representado, escuchado, ante dicha autoridad. Basada, en su mayor parte, en el sistema parlamentario, la Unión Europea no ofrece semejante posibilidad más allá de los gobiernos estatales. Todo su entramado institucional, muy ingenioso como búsqueda de un equilibrio de poderes, queda fatalmente truncado por los partidos políticos, que como asociaciones privadas vertebran todo el proceso de decisión política detrás de la cortina institucional, desde los ayuntamientos hasta la Comisión Europea, pasando por los gobiernos nacionales. Pero de eso ya habrá ocasión de hablar.

4 comentarios:

  1. Yo llevo tiempo cavilando acerca de la necesidad de indagar en las entrañas de la historia a fin de desenterrar "dinosaurios políticos" históricos. Partiendo de que la existencia del estado es algo que debemos aceptar como un producto de la historia, y que los estados han de adoptar una organización interna descentralizada, del mismo modo la comundidad internacional, no entiendo esos intentos de los europeístas de querer demoler los estados-nación europeos y crear uno más grande a imagen y semejanza de los anteriores. Eso es algo que ya criticó Ludwig von Mises, que era austríaco y vivió en un Imperio que al final acabó colapsado por su propia esencia plurinacional. No creo que lo ideal sea la fórmula de la supranacionalidad, de la plurinacionalidad, del estado transnacional. Creo que el intergubernamentalismo es lo mejor de cara a acotar los límites del estado, y por eso mismo creo que el modelo no debe ser el Imperio Germánico, el Británico, el Otomano o incluso el Romano, sino más bien el de la Liga Hanseática. Espero poder plasmar en breve una comentario acerca de la conveniencia de dicho modelo.

    Saludos.

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  2. Gracias por el comentario.

    Bueno, los "dinosaurios políticos históricos" están bien para refrescar un poco la mente. Pero a mi juicio no se trata tanto de buscar construcciones a las que imitar, sino quitar las barreras que hacen imposible una evolución original de una manera, digamos, orgánica y paulatina. Una de esas barreras, cómo no, es el estatocentrismo, que se debate entre dos opciones absolutas: estados-nación o estado europeo.

    La otra posibilidad, la del intergubernamentalismo, entendido de forma extrema como una serie de pactos convencionales entre estados soberanos, sujetos a derecho internacional pero a nada más, no deja de ser otra consecuencia de ese mismo estatocentrismo, pues al fin y al cabo los estados son los protagonistas.

    Pero sí, a día de hoy no parece haber más opción que esas dos, y si debo elegir por supuesto que prefiero como usted el intergubernamentalismo, aunque sólo sea por un instinto escéptico y conservador (cuanto más lentos vayamos, más tarde la pifiaremos). Lo cierto es que mientras los propios estados se basen ellos mismos en este estancamiento doctrinal (al que me refiero en la "razón de ser" del blog), no se puede esperar que la originalidad aparezca en el panorama internacional.

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  3. Completamente de acuerdo. Yo quizá adolezca de ese instinto conservador al que usted se refiere, no en vano soy seguidor de Jefferson y del resto de los Founding Fathers, personajes que no eran estatólatras pero que admitían la existencia del estado como un "mal necesario e inevitable". Con todo he de decir que hasta los más escépticos del estado en los Estados Unidos y el Canadá no se plantean las cosas que plantean aquí los europeos. Puede que tenga que ver un poco la sangrienta historia de Europa, dominada por estados-nación que cometieron verdaderos crímenes contra la humanidad -la Revolución Francesa junto con el III Reich, son los ejemplos más ilustrativos-. Lo cierto es que en el mundo anglosajón y en Suiza el estado nación nunca ha existido, y el nacionalismo ha sido un resfriado pasajero. Tal vez eso explique por que los americanos no contemplan en la escena internacional algo distinto a las organizaciones internacionales, o los británicos aboguen por volver a la antigua CEE.

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  4. Muy interesante felicito al autor.
    En mi opinión los problemas económicos actuales están forzando a los estados miembros a moverse hacia Europa o la nada,lo que se a visto es una unión europea donde la mayoría de estados se pone en manos de Merkel, dejando fuera a los Ingleses y su preciada City.Puede que sea un primer paso hacia una unión verdadera, empezando por un control estricto del déficit de los países, en un mundo actual donde emergen China India y Rusia,y donde ya los Norte Americanos con sus propios problemas internos ,quizás no sean ya la fuerza definitiva, nuestra única salida para tener voz en el mundo sin el Tio Sam pasa por la creación de algo, llame se Imperio Europeo, o unión de estados europeos, pero algo serio, sin el tema griego de cuentas falseadas ni Alemanes y Franceses saltándose las normas a placer para luego hacer cumplirlas como ahora amenazando con la expulsión, que en muchos casos supondría la ruina, caso de Grecia Portugal Irlanda y esta por ver si Italia o la propia España,por que si la Europa pobre no se siente parte de la unión,tarde o temprano volverán las guerras internas de consecuencias imprevisibles para toda la unión., es una crisis en la que se pone en riesgo el estado de bienestar que adoptaron los europeos tras las penurias de la posguerra, y que ahora parece haber colapsado por el desajuste existente en Europa mas el caos bursátil promovido desde la City en Londres con el beneplácito de los Americanos que necesitan seguir vendiendo dolares a los Chinos para mantenerse. Europa de 500 millones de habitantes tiene un potencial inmenso que imagino asusta a Americanos e Ingleses, contentos con repartirse el mundo con una Europa dormida.Pero si el dinero pasa a manos de los Chinos,quizás nos ira mejor sin los Anglosajones,Al fin y al cabo es una crisis de financiacion y el dinero parece haberse ido a Asia gracias ala globalizacion y la deslocalizacion de las empresas a China e India en el afan del capitalismo por reducir costes. Se trata de un pulso entre el dolar y el Euro pero da la impresion que esta acelerando reformas acia una verdadera union.

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